viernes, 10 de enero de 2014

Los daños irreparables que dejan los juegos pirotécnicos

Tres personas cuentan su historia, tras la pérdida de sus extremidades y bienes. En diciembre aumenta la oferta y demanda de artefactos explosivos. Cuando despertó vio una nube de humo. Sus amigos estaban dispersos a su alrededor, cubiertos de sangre. Un penetrante olor a pólvora los envolvía. Ese 31 de diciembre del 2011, como de costumbre, un grupo del barrio reunió decenas de camaretas para recibir al 2012. "Siempre lo hacíamos. Juntábamos muchas para formar una más grande", cuenta Guisseppe Escandón. Pero antes de que él terminara de dar forma al artefacto, una gran explosión detuvo el juego. "Cuando reaccioné y quise ver mis manos, ya no estaban. Habían desaparecido… no quedó rastro de ellas… Solo corrí a mi casa gritando ¡mis manos, mis manos!". En el hospital no pudieron hacer más que solo cerrar la herida. Estuvo 16 días internado y ayer, con la ayuda de sus prótesis, sostuvo con fuerza un micrófono para compartir su testimonio. Este joven de 23 años se sumó a la campaña que dirige el Benemérito Cuerpo de Bomberos de Guayaquil para evitar más accidentes por la manipulación de pirotecnia. "Yo pasé por esto y aprendí la lección. Ahora comparto mi historia para prevenir otros casos, en especial en niños". Más casos Para Ana Soria, jefa de la Unidad de Quemados del Hospital Roberto Gilbert, el 75% de las quemaduras son prevenibles. Desde el 2011, esta sala ha atendido a 68 menores heridos por camaretas, silbadores y chispeadores. La primera víctima del 2013 fue una niña de 9 años. Un cohete impactó en su espalda y detonó, sin ocasionar heridas graves. Algo similar ocurrió con un pequeño de 3 años, quien perdió parte de la piel de su espalda por el impacto de una bengala. Uno de sus riñones quedó prácticamente expuesto por la fuerza de la explosión. "Todos podemos ser víctimas, incluso como espectadores (…). Ningún artículo de pirotecnia es inofensivo. Si contiene pólvora, puede ocasionar quemaduras, amputaciones, sordera y hasta ceguera", explica Soria.

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