viernes, 31 de enero de 2014

Juegos y agasajo para pequeños con discapacidad

Melany toma el volante. Jesús es el copiloto y Ángel, su hermano, ocupa el asiento posterior junto con Diana. Los niños de 9 años y estudiantes del Instituto Especial del Norte (Guayaquil) están a punto de imaginar que viajan durante las 20 vueltas que el Jump Around, les ofrecerá en algo más de dos minutos. Inés, madre de los gemelos Jesús y Ángel, cuenta que pocas veces tiene la oportunidad de llevar a los niños a un parque de diversiones. Ellos tienen una discapacidad intelectual del 70% y fueron parte de los 1 200 niños que la mañana de ayer recibieron un agasajo navideño de la fundación Olimpiadas Especiales Ecuador. Niños y jóvenes con discapacidad de 25 instituciones de educación especial de la capital disfrutaron de los 28 juegos mecánicos en el Vulcano Park. Además, recibieron un refrigerio y aplaudieron la actuación de Jaime Enrique Aymara, el cantante popular. Cuando Jesús y Ángel cumplieron 2 años, no articulaban una sola palabra ni podían controlar esfínteres. La madre de los menores buscó especialistas, quienes le confirmaron que ellos tenían ­discapacidad mental. La máquina frena y Jesús baja para correr hacia su madre. Ahora los niños están en tercero de básica y los avances que ellos han tenido "son significativos". La mamá dice que la ayuda económica del Gobierno le permite mantenerlos y cuidarlos, ya que ella no puede trabajar y el padre de los menores no está más con ellos. Rosa hace esfuerzos para empujar por una rampa la silla de ruedas en la que va José Andrés, de 11 años. A ella la guían para que ocupe un lugar en el salón de fiestas, en el cual va recibir el refrigerio. La mujer llegó desde Calacalí y reconoce que esta es la segunda vez que tiene la oportunidad de llevar a su hijo a un parque con juegos mecánicos. Cuenta que al mes de nacido José Andrés se enfermó de neumonía y que luego quedó paralizado. Trasladar a José Andrés requiere de al menos dos personas que logren subir la silla a los buses. Rosa debe sortear esta dificultad todos los días, para que su hijo asista al Instituto Especial del Norte. "Mi hijo no se puede sentar solo, entiende cuando le hablo y desde que va a clases he notado avances", contaba ayer la madre. Las risas, los gritos de emoción y la felicidad del agasajo son compartidas por Esteban Navarrete. Él es entrenador de fútbol y cuenta que trabajar con personas con discapacidad le cambió la vida. "Aprendes el sentido de solidaridad con personas llenas de ternura". Navarrete entrena a Francisco, quien tiene discapacidad intelectual del 70%. El joven acude todos los sábados, desde Cayambe (Pichincha), a jugar en el parque de La Carolina. Francisco es vicecampeón nacional de fútbol, tiene 22 años y está aprendiendo a leer y escribir, abandonó el taller de carpintería porque no era lo suyo, dice el propio Francisco. Para Óscar Vallejo, su hermano Andrés, de 16 años, es una bendición en la familia. Andrés tiene síndrome de Down, es campeón nacional de natación y estudia en una escuela regular. Óscar cuenta que no es difícil la vida con una persona con este síndrome y que es la mamá del chico quien se encarga de llevarlo a los entrenamientos. La suerte de Andrés es distinta, él sí tiene la posibilidad de salir con su familia y visitar distintos centros de distracción de forma continua. Los hermanos participaron de las actividades que se programaron en el agasajo. Los padres dijeron que sus hijos son una bendición, que en todo momento le han dado fortaleza. Jesús y Ángel abrazan las piernas de l

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